jueves 8 octubre, 2026

Cinco historias que quizás no conocías sobre Lomas de Zamora

Lomas de Zamora tiene una historia que se remonta mucho más atrás de la llegada del ferrocarril y del crecimiento urbano que hoy caracteriza al distrito. Sus primeros pobladores, sus nombres originales, sus calles y también sus espacios culturales guardan historias que permiten conocer cómo se fue construyendo la identidad lomense.

Desde aquella primera colonia agrícola impulsada por un grupo de vecinos hasta la transformación de Laprida en uno de los principales paseos comerciales de la zona, el centro de Lomas fue atravesando distintas etapas que lo convirtieron en uno de los puntos más importantes del sur del Gran Buenos Aires.

El origen de un pueblo agrícola

Uno de los capítulos fundamentales de la historia local comenzó en 1821, cuando un grupo de agricultores encabezados por Tomás Grigera reclamó ante el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires la distribución de tierras para poder dedicarse al cultivo.

El 14 de mayo de ese año fueron repartidas 30 chacras, dando origen a lo que se considera la primera colonia agrícola criolla de la Argentina posterior al período colonial.

A diferencia de otros pueblos que crecieron alrededor de una estación ferroviaria o de grandes propiedades, los primeros pasos de Lomas estuvieron vinculados a un reclamo colectivo de agricultores que buscaban desarrollar sus tierras.

Antes de ser Lomas de Zamora, fue Pueblo de la Paz

El nombre actual del distrito tampoco fue el primero. Durante sus primeros años, la localidad fue conocida como Pueblo de la Paz, una denominación vinculada a la devoción por la Virgen de la Paz, patrona de la Catedral.

Con el paso del tiempo se recuperó el nombre relacionado con las características geográficas de la zona: las lomas o elevaciones del terreno cercanas al Riachuelo que, durante el siglo XVIII, habían pertenecido al capitán español Juan de Zamora.

Así fue tomando forma el nombre que finalmente identificaría a la localidad y, posteriormente, al partido.

La Plaza Grigera, mucho más que un espacio verde

La Plaza Grigera se convirtió desde los primeros tiempos en uno de los principales puntos de encuentro de la comunidad.

A su alrededor se instalaron edificios vinculados a la administración y, frente a la plaza, se levantó la Catedral Nuestra Señora de la Paz, inaugurada en 1865.

Con el crecimiento de la ciudad, ese espacio también fue escenario de actos, celebraciones, ferias y distintas expresiones de la vida social lomense.

A pocas cuadras de allí, además, comenzó a desarrollarse hacia fines del siglo XIX el interés por deportes introducidos principalmente por la colectividad británica. El tenis, el fútbol y posteriormente el rugby fueron ganando espacio y convivieron con las tradiciones de una comunidad que continuaba creciendo.

Laprida: de los tranvías a caballo a la peatonal

Si existe una calle que representa el movimiento cotidiano de Lomas, esa es Laprida. Pero mucho antes de convertirse en el paseo comercial que miles de vecinos recorren diariamente, por allí circulaba, hacia fines del siglo XIX, el tranvía a caballo.

El servicio permitía conectar la estación ferroviaria con distintos sectores de la localidad, incluyendo las zonas de quintas y el área donde funcionaba la municipalidad.

Con el paso de las décadas, Laprida fue consolidándose como una de las principales arterias comerciales del distrito. El crecimiento de los comercios textiles y gastronómicos transformó su fisonomía hasta convertirla en la emblemática peatonal que hoy forma parte de la identidad de Lomas de Zamora.

El Teatro Coliseo y el nacimiento de una vida cultural y nocturna

Con el paso de los años, el centro lomense también se convirtió en un importante polo cultural y de entretenimiento para el sur del Gran Buenos Aires.

Uno de sus grandes símbolos es el Teatro Coliseo. Inaugurado en 1933 por la Sociedad Italiana de Mutilados y Lisiados de Guerra, la sala se convirtió en uno de los espacios teatrales tradicionales de la región y recibió a referentes de la música, el tango y el teatro argentino.

La actividad cultural se complementó con el crecimiento de la vida nocturna y gastronómica. Las calles y pasajes del centro, especialmente en torno a Italia, España y las inmediaciones de la Plaza Grigera, fueron dejando atrás su antiguo perfil de quintas y residencias para convertirse en puntos de encuentro para distintas generaciones.

Bares, espacios culturales independientes y locales gastronómicos fueron sumándose a una zona que, especialmente durante los fines de semana, concentra buena parte del movimiento nocturno de Lomas.

Así, la historia del centro lomense no quedó solamente ligada a sus edificios y espacios históricos: también se construyó a través de la cultura, el entretenimiento y las costumbres de varias generaciones de vecinos.

Desde aquellas primeras chacras de 1821 hasta la actual peatonal Laprida, los escenarios fueron cambiando, pero cada etapa dejó una huella que todavía forma parte de la identidad de Lomas de Zamora.

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